Informes
parciales:
Informe nº12
02/12 /05
Paul Bekaert, abogado belga y activista de derechos
humanos
El honor perdido de Garzón
La Universidad
Libre de Bruselas (ULB) concedió el 16
de noviembre la distinción Doctor Honoris
Causa al juez instructor de la Audiencia Nacional
española. A pesar de que España
lo niegue, esta corte es en base una corte exclusiva,
específica para los activistas vascos.
La
Audiencia Nacional es una de las herencias del
régimen franquista. Garzón, que
eufemísticamente hablando no es reacio
a la publicidad, es el número uno mediático
del tribunal de excepción español.
Las hazañas de Garzón que inspiraron
que la Universidad Libre de Bruselas tomara esta
opción son la lucha del juez instructor
por los derechos humanos, la batalla contra el
terrorismo, el procesamiento del ex dictador Pinochet
y sus esfuerzos en pro de la Corte Penal Internacional.
Para mí, son particularmente conocidos
sus servicios para el Estado espa- ñol.
El es el padre espiritual, el motor, de la caza
de vascos. El ha establecido la criminalización
del movimiento independentista vasco.
Con
criminalización quiero significar que Garzón
mete todo en el mismo saco. Sitúa en la
misma línea a los que en absoluto han cometido
forma alguna de violencia, junto a los que cometen
violencia política. El está al servicio
de los poderes ejecutivos de los sucesivos gobiernos
españoles. Luchan contra los independentistas
vascos en diversos frentes, el militar, el policial,
el político, el mediático y finalmente
en el campo de batalla jurídico.
A finales
de 1997 participé como observador y garante
de los Derechos Humanos en el juicio al partido
independentista vasco Herri Batasuna. Garzón
y su equipo llevó ante la Audiencia de
Madrid a 23 miembros de la dirección de
este partido. Cargos electos, abogados, profesores,
periodistas, sindicalistas, trabajadores, activistas,
una amplia representación de este movimiento
popular se sentó en el banquillo. Ninguno
de los sospechosos había cometido ningún
acto de violencia, poseído o usado armas,
ni mucho menos cometido ataques. Su crimen fue
la distribución de un vídeo durante
la campaña electoral. En el vídeo,
miembros armados de ETA hablaban de una propuesta
de paz.
El
juicio fue una farsa. Parecía un juicio-espectáculo
estalinista de finales de los años 30 en
la Unión Soviética. El muro de separación
entre los poderes ejecutivo y judicial fue, si
no inexistente, sí muy sutil.
El
tribunal condenó a 7 años de prisión
a todos los procesados, incluyendo a aquellos
que no participaron en la decisión de distribuir
el vídeo. Todos ellos fueron inmediatamente
encarcelados. En 1997 más de 20 personas
fueron a la cárcel a causa de un delito
de opinión, o como fuera que ellos lo consideraran.
Una joya en la corona del célebre juez
instructor.
Dos
años después el Tribunal Constitucional
revocó esta decisión sin sentir
vergüenza, una sentencia indigna. Todos fueron
puestos en libertad de inmediato. Aun siendo inocentes
se les robó su libertad durante dos años,
con el resultado de la pérdida de empleos,
familias y personas rotasS? La columna vertebral
de un movimiento fue golpeada, una especie de
consuelo para los perseguidores.
No
intimidado por este golpe, Garzón siguió
con severidad. Tuvo éxito atacando a Herri
Batasuna, no mediante la pugna electoral como
en las democracias parlamentarias, sino simplemente
suspendiendo el partido. En batallas siguientes
golpeó a comités de apoyo a presos
políticos, movimientos anti-tortura, orga-
nizaciones juveniles vascas, portavoces en el
ámbito internacional, abogados de activistas
vascos. Durante más de 20 años estas
organizaciones trabajaron en el ámbito
legal, abiertamente y bajo ninguna sospecha. El
juez recompensó este trabajo público
con la persecución. Abrió un procedimiento
sustentado en los docu- mentos que estas organizaciones
habían hecho públicos durante los
últimos veinte años. El 21 de noviembre
empezó el macro-juicio contra 59 ciudadanos
y ciudadanas vascas. Su crimen es sus convicciones
políticas. La acusación es su opinión.
Ninguno de ellos usó violencia, poseyó
armas o realizó ataques.
El
reciente Honoris Causa es activo también
mas allá de las fronteras españolas.
Unos años atrás la justicia belga
decidió no extraditar a España a
la pareja vasca Moreno-García. Doce años
más tarde después de la recientemente
implantada orden de arresto Europea, España
pidió de nuevo la extradición. Doce
miembros de la Corte de Apelación de Bruselas
y Amberes rechazaron las pretensiones españolas.
El Duque de Alba pareció levantarse de
su tumba cuando Garzón respondió
furiosamente a esa decisión. En una entrevista
en un diario flamenco del día 15 de marzo
del 2005, hecha en ocasión de la publicación
de su libro, Garzón atacó a los
jueces belgas. Les reprocha ignoran- cia y menosprecio
a leyes elementales. Está legal y deontológicamente
prohibido para un juez realizar acusaciones en
los medios de comunicación. También
es inadmisible que un juez critique a colegas
de profesión a causa de sus sentencias.
Eso confirma mi convicción de que España
no es ni de lejos un estado constitucional maduro.
En
definitiva, los magistrados españoles y
Garzón en concreto tienen mucho que aprender
de la independencia e integridad de los poderes
constitucionales belgas y su profundo sentimiento
de justicia, que se basa en 175 años de
experiencia constitucional frente a uno de 25
años. Recientemente el relator de Naciones
Unidas Theo van Boven denunció la tortura
en el estado español. Sus conclusiones
incriminatorias. Por parte del, otras tantas veces,
locuaz juez instructor Garzón, honrado
como campeón de los derechos humanos, el
silencio fue estrepitoso. El límite de
su preocu- pación por los derechos básicos
se encuentra evidentemente más allá
de las fronteras del Estado español.
La
Universidad Libre de Bruselas hizo un guiño
erróneo con este distinguido doctorado.
Su gesto sólo anima a los que hundieron
la joven democracia con el baño de agua
fría de la seguridad. Eres honrado por
aquellos a quienes honras. -
(NOTA: Publicado en “De Morgen” el
22 de noviembre)
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